Démonos la paz,
que el odio quede lejos.
Démonos la paz
mirándonos a los ojos.
Allí, veamos, serenos, sin enojo,
a nuestra propia imagen,
como en un espejo.
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Démonos la paz
juntando nuestras manos.
Démonos la paz a corazón abierto.
Y, así, sintamos que no hay nada más cierto,
que estamos aún más cerca,
que somos como hermanos.
Démonos la paz,
démonos la paz,
démonos la paz.
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